Hablando con un grupo de amigos les dijimos que nos apetecía un lugar tranquilo y pintoresco que visitar, más o menos cerca de donde vivimos, ya que somos de la capital del turia, vamos, de Valencia. Salieron varios nombres a la palestra, pero algunos de ellos había ido a Girona y hablaron muy bien de ella, así que mi mujer y yo decidimos visitarla, total, según lo que nos dijeron no nos iba a decepcionar la visita.

Total, que cogimos el coche, nos encanta viajar en el coche y preparanos nuestra propia música que etiquetamos siempre como “Viaje a xxxx. y el año”, eso nos lo hace más especial y siempre nos quedan buenos recuerdos al enlazar los viajes con la música… en fin, manías nuestras. Cuando llegamos, nos sorprendió lo bien cuidada que está la ciudad, es muy pintoresca y la cámara de fotos echaba humo en cuanto nos empezamos a perder por sus calles y su cultura, que data de la época de los romanos, ya que fueron estos los que la fundaron con el nombre de “Gerunda” (como se nota que me estuve empapando de su historia antes de empezar el viaje). Siempre me gusta saber qué estoy viendo y todo lo que tiene detrás, le da otra dimensión a los viajes y no nos sentimos como unos turistas del montón, y siempre da muestras de respeto hacia la ciudad y sus gentes.

Nos alojamos en un hotel en Gerona y lo primero que recorrimos fué el paseo arqueológico a través de su antigua muralla, y enseguida nos desplazamos hacia la Catedral de Santa María que es una mezcla extremadamente interesante para aquel que le gusta la arquitectura y disfrute de las construcciones grandiosas, contruida a lo largo de los siglos XI y XVIII es un compendio de el arte románico, gótico, renacentista y barroco.

Visitamos muchos más monumentos, todos ellos de una belleza excepcional, pero desde luego, nos quedamos con el recuerdo de la Catedral de Santa Maria, desde luego nuestros amigos no se equivocaron al recomendarnos esta ciudad tan hospitalaria y con una historia tan rica y bien cuidada.